Todo comenzó con la orden de Pablo de “largamos largo de proa”. En ese momento empezó un viaje a través de las aguas territoriales de varios países: Alemania, Holanda, Bélgica, Reino Unido y Francia. Unas 900 millas en las que han ocurrido muchísimas cosas, las cuales voy a intentar explicar en las líneas de aquí abajo.

Día 1, Lunes: Este día fue uno de transición, en el que pasamos la mitad del día saliendo del puerto (y canal) de Bremerhaven y la otra navegando por el norte del VTS de Alemania. (La autopista alemana del mar) En este día poco a destacar. Una salida bastante estrecha del puerto y la cantidad de tráfico que se encuentra en esta zona del mundo, además del aprovechamiento que tienen los países del norte de Europa de la energía eólica, cruzándonos con varios de estos parques a lo largo de la travesía (y esquivándolos)

Día 2, Martes: A las 04:30 el sol se hizo ver, siendo normal en estas latitudes y en la época en la que estamos. (amanece muy pronto y anochece muy tarde, teniendo unas 5 horas de noche.) Este día comenzó como otro cualquiera, pero con una peculiaridad: El viento nos comenzó a soplar por popa y pudimos sacar el trinquete. También la niebla quiso acompañarnos a lo largo de día, con una visibilidad de unos 70 metros. ¡¡Conseguimos romper la barrera de los 10 nudos!!.Por la tarde, y después de 16 horas navegando a vela, el viento nos abandonó a eso de las 20:00, a la hora que empezó mi guardia. La niebla seguía sobre nosotros, pero con un color algo anaranjado.

Casualidades de la vida o no, esa misma tarde estuve hablando con David sobre algunas cosas…. Una de ellas fue que nunca habíamos vivido una tormenta en el mar.

¿Sabéis lo que paso esa noche?…. Exacto, eso mismo.

Estábamos los de la guardia en el puente (Falete, Pablo, Carlos Quinto, David y un servidor), cuando escuchamos el tifón de un barco bastante cerca, como a una milla. Pablo entró en el puente a chequear el AIS, Radar y demás. Después de ver que no nos comíamos ningún barco, vimos en el Radar una mancha roja bastante curiosa. Automáticamente sabíamos que era lluvia. (Nuestro radar está situado en el Mástil Mayor, y detecta bastante bien los frentes de lluvia)

Bajamos a tapar los enjaretados, entradas a artillería…. Y Neptuno abrió el grifo, y vaya grifo….

Una tormenta bastante fuerte, con muchísimos rayos y una cantidad de agua importante. Duró eso de una hora. La radio, por el canal 16, no paraba de sonar. Nos cogió la tormenta en un punto crítico, el estrecho de Dover. Muchísimo tráfico y poca visibilidad en uno de los puntos más congestionados del planeta en cuanto al tráfico de barcos. Algunos de 50 metros como nosotros y otros de 350 metros. ¿Os acordáis que superamos por la mañana los 10 nudos? Pues en esta guardia, gracias a la corriente y el viento… ¡¡superamos los 11,5 nudos!!

Una guardia bastante entretenida…

Día 3, miércoles: Este día fue algo más tranquilo, en cuanto a todo. Aún seguíamos en el Canal de la Mancha, pero fuera del tramo más conflictivo. Tuvimos niebla todo el día, bastante espesa, aunque a eso de las 18:00 comenzó a clarear. El mar, como un plato. ¡¡¡Así da gusto navegar!!!

Día 4, jueves: Después de navegar sin ningún movimiento, el mar de fondo nos comenzó a entrar. Empezamos a movernos, con olas de metro y medio aproximadamente. Ya aquí íbamos a contrarreloj. El puerto de La Rochelle es un puerto con esclusa, y solo podíamos entrar con marea alta. Era entrar el viernes por la tarde o el sábado por la mañana…

Esa misma noche, ya sin niebla y con buena visibilidad, conseguimos ver la costa francesa.

Día 5, Viernes:  Después de mantener una buena velocidad durante todo el día, y con un tiempo muy agradable, conseguimos llegar a La Rochelle. El viaje parecía que ya era agua pasada, pero aún nos quedaba el momento más crítico de toda la travesía. Teníamos que cruzar un pequeño canal, con marea alta, y con muchos barcos de vela ligera por en medio. Una vez cruzamos este canal, avistamos la entrada a la esclusa. Medía unos 15 metros de ancho, cuando nuestro barco mide unos 10. Justo antes de entrar, la hélice de babor dejó de girar hacia avante. Pasamos muy justos la esclusa y llegó el momento de girar el barco 90 grados, para el atraque. Muy difícil, con poco espacio, sin motor de babor hacia avante y con viento. Después de una maniobra muy complicada, Pablo consiguió “aparcar” El Galeón

¡Una travesía chulísima, que he aprendido muchísimo, y la que agradezco a mis compañeros!!!

También me gustaría acabar mandando un saludo a toda mi familia, a los “Lorente” y a los “Ruiz”, y a mi otra familia del Club Balonmano San Fernando. Y por supuesto a todos mis amigos/conocidos de este mundo.

¡¡¡¡Nos vemos muy pronto!!!!

Carlos Lorente Ruiz