A fecha de 16/12/2018 estamos en la parte final del cruce del océano Atlántico y en los próximos días entráremos en el mar Caribe. Llevamos 21 singladuras desde que salimos de nuestro último puerto en La Gomera y la imagen es azul, azul celeste y azul cobalto, a veces un azul cobrizo, y en medio nuestra pequeña casa marrón, si pudiéramos vernos  a vista de pájaro se podría comparar con la tierra en el inmenso espacio negro. Es nuestra casa aquí, rodeado de nada, y hay que cuidarla, en estos últimos días hemos adecentado un poco más para nuestros hermanos del otro lado del charco, lijando la cubierta principal y pintando el suelo de la bodega, tareas que son fáciles pero con los balanceos que nos da el cascarón la tarea más simple se convierte en toda una hazaña de la que estar orgulloso.
Comienza mi guardia a las cuatro de la mañana donde ya no hay azul, ahora es todo negro, negro oscuro y negro un poco más claro, hasta el punto que hay días donde es difícil diferenciar la línea del horizonte y saber que es mar y que es cielo. La guardia comienza medio dormido pero luego me voy despertando conforme empezamos las tareas de revisión de maquinas, sentinas, estado de las velas, cabos, etc. Una guardia dura pero compensa porque los atardeceres y amaneceres son nuestros, navegamos bajo las estrellas, y nos entretenemos buscando la  polar y las constelaciones que poco a poco vamos conociendo, todo acompañado de música clásica, Queen, Simon and Garfunkel, reggae, Van Morrison, Stevie Wonder y otros de calidad. Termina mi turno, ha sido tranquilo, hacemos el cambio de guardia y ya de día entrego la responsabilidad del barco a mis compañeros.
Llega la guardia de las cuatro de la tarde, volvemos a pescar aunque como siempre es un dorado pero esta vez dos piezas de gran tamaño que elegimos comernos a la plancha y con una parte hacer un ceviche, porque con este grupo humano que forma la tripulación somos capaces de concedernos caprichos de ese tipo. El atlántico de lejos nos parece deshabitado pero si te acerca tenemos la oportunidad de ver cientos de peces voladores, alguna tortuga, algunos pájaros y ballenas que nos acompañaron durante un día entero que se acercan a curiosear igual que nosotros lo hacemos con ellas desde el barco, son gigantescas.
Volvemos a la guardia nocturna pero ya no es tranquila, entramos y tenemos un chubasco, mucha lluvia y el viento rolón, cambiando constantemente de dirección, a veces fuerte y a veces débil, no hay orden y las velas se hinchan y descinchan seguidamente. Intentamos capear el temporal orzando pero llega un punto en que no podemos hacerlo más, ya que hay una ola grande que entra por el través y hace que el barco escore demasiado. Se decide volver casi al rumbo y trasluchar, ya la maniobra esta aprendida, y empezamos a cobrar y largar de escotas, barbes, un poco de apagapenoles, brazas y amuras de la mayor y luego de la cebadera, toca esperar y ver qué pasa. Sin embargo, pasado un tiempo prudencial para ver si hemos conseguido algo con la maniobra, las condiciones de lluvia y viento cambiante se mantienen, así como la escora del barco y el flameo de las velas. Última opción, cobramos totalmente de apagapenoles para apagar la vela y que el viento pase por ella sin hacer casi nada, mantener un rumbo donde la ola no nos haga mucho daño, y toca esperar hasta que las condiciones sean más uniformes. Ya casi esta amaneciendo. Todo ha sido duro y extrañamente placentero.
Amanece y justo antes del cambio de guardia, el viento nos entra por la popa, todo es favorable, hay sol, me toca abrir la gavia, la vela que está en el palo mayor a 25 metros. Allí, arriba del todo, el azul es ahora inmenso y el barco muy pequeño que junto con los balances se vuelve a convertir en una situación dura y extrañamente placentera. El resto del día me relajo con la satisfacción del trabajo bien hecho con lectura, juego de dados y clases de inglés.
Hoy se habla que posiblemente fondearemos antes de llegar a Puerto Rico, cerca de un archipiélago del Caribe que se llama Islas Vírgenes así que tocara darse un baño en sus aguas azul pero ya más color turquesa.
¡Un  saludo a todos!
Latitud: 18º 14,74′ N
Longitud: 062º 21,99′ W
Rumbo: 261º
David Romero Ronda